Angel Abitúa Terán
Cierto día de hace ya muchos años, un individuo como tú o yo, o como cualquier otro, caminó hacia donde pensó encontraría su camino, entonces llegó a la orilla de un tranquilo arroyo que saciaría su sed; una vez satisfecho, se tendió sobre la hierba quedándose profundamente dormido. Al despertar lo primero que vio fue un rostro que forzaba la vista para mirar bien, cuando lo observó perfectamente se preguntó de quién era ese rostro, dado que entre más lo veía más lo intrigaba, fue cuando su intuitivo instinto le hizo acercarse más para aclarar su  confusión.
Había mirado muchos rostros en su vida, pero ese nunca. Luego, sigilosamente se fue acercando poco a poco hasta tocar con su nariz la otra imagen que se reflejaba en el agua, las olitas que provocó con el contacto borraban y distorsionaban la figura en ese espejo de agua, luz y hechizo.
Primero, hizo una mueca, el que aparecía en el agua lo imitaba instantáneamente, turbándolo aún más, todo eso lo desorientaba  mucho, guiñó un ojo y vio cómo su movimiento se le regresaba como reflejo de lo que pensaba; si cerraba la boca su doble ya lo hacía adivinado sus intenciones, haciéndose su cómplice. Después de estar un rato mirándose en el agua quedó fascinado: se había encontrado con su otro yo, lo primero que pensó fue en cómo podría llevárselo; ideó una y otra manera para hacerlo pero todo resultaba inútil, no encontró la manera de resolverlo.
Triste por su incapacidad siguió su camino, una vez que encontró a su gente les platicó entusiasmado su descubrimiento, muchos lo calificaban de loco, otros de un tonto, y muy pocos se interesaron en el relato que a la postre resultó un hecho universal. Al paso del tiempo, no se sabe cómo fue que se inventó o bajo qué circunstancias el vidrio se hizo espejo, para desde ese instante ir cazando muchos rostros regados por el planeta, porque el poder que tiene es sin duda temible, sobre todo porque nunca miente, siempre dice la verdad, la absoluta verdad, más aún cuando se ve el fondo de esos ojos que permanentemente nos miran.

fotografía:

mercedesgpazos.files.wordpress.com

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