Héctor Castro Aranda

Josh Lloyd-Watson y Tom McFarland, los orquestadores del proyecto británico Jungle, con apenas seis años en el mercado musical, su elegancia, su fácil manera de digerir su sonoridad, les fueron construyendo un camino entre festivales, fechas por todo el mundo. Jungle apostó por presentarnos cómo sería el año 1976 si fuera ahora, sonidos funk, soul, disco, con la vanguardia de hoy en día, un pasado y presente refinado, con el mayor cuidado en cada nota musical. 
Jungle se presentaba misterioso, como un colectivo, entre el que se camuflaban sus dos miembros principales. Dulces cánticos, sus caricias en forma de decibel, se aprecian intactas en sus conciertos en vivo donde cuentan con más de ocho músicos, entre vocales, percusiones y metales. 

Los británicos comenzaron a subir su pequeño catálogo musical a la plataforma SoundCloud, donde XL Recordings, el mismo sello de Radiohead, los encontró y firmó. En sus primeros 12 meses de trabajo, que desarrollaban en una pequeña habitación, los catapultó a gira por América, la que los trajo al festival Corona Capital de 2014, totalmente como una agrupación emergente, festival en el que Ciento Uno se encontraba en plena cobertura y se decidió por escuchar la propuesta en vivo, nos dejó perplejos a los presentes. 
Ciento Uno fue testigo una vez más de cómo despegaba rápidamente Jungle, al verlos en Coachella 2015 ante 15 mil personas, a los meses fueron parte del aniversario de Mousike en C3 Stage con taquilla agotada. Todo este trabajo fue parte de su primer material homónimo. “La música soul viene de dentro de nosotros, de nuestros corazones. La música no tiene nada que ver con temas raciales”, comentaron sus creadores en entrevista. “Tampoco hay un objetivo artístico predeterminado, solo queremos pasarla bien haciendo lo que hacemos, más allá de las razas o de los estilos musicales. Creo que eso debería estar superado, vivimos en una sociedad multicultural. No nos planteamos si con nuestra música estamos aportando algo a un género musical”. 
El año pasado Jungle presentó su nuevo material, For Ever, que vio la luz en septiembre, recopila las experiencias de haberse mudado de Inglaterra a Los Angeles. Este sonido claramente está demostrado, se nota la incursión y extensión de sonidos, así como la composición única que ofrecen las noches en Los Angeles. 
Había muchas expectativas ante el retorno del nuevo material de Jungle, después de la agitación conseguida por el grupo con su debut, llega más de cuatro años después esta entrega. Es un gran disco, con momentos realmente deliciosos y que luce bien en conjunto a pesar de su generosa extensión, trece temas y casi cincuenta minutos de duración. Los británicos se expanden a gusto con esa mezcla de funky y soul convenientemente actualizada con electrónica, hasta sonar vigentes y vanguardistas. Es así como consiguen arrastrar tras de sí a un oyente que, por otro lado, la tiene fácil para dejarse hipnotizar por esos cantos de sirena susurrados, sensuales y rítmicos que llegan desde las diferentes pistas. 
Resulta ampliamente adictivo con sus loops y adornos tecnológicos colonizando canciones convertidas en hits y que son, en su esencia inexcusable, composiciones de géneros clásicos, resulta funcional e irresistible, tal y como sucede en “Smile”, pieza directa con la que se abre el fuego; “Happy Man”, la popera “Casio”, ese clásico instantáneo que es “Beat 54 (All Good Now)” o la pegadiza “House In LA”. También puntúan alto los singles “Heavy, California” y “Cherry”, además de una “Give Over” que podría haber sido firmada por Metronomy, esa “Cosurmyne” con ecos de DJ Shadow, y “Pray”. Este es uno de esos discos con el encantador poder de seguir convenciendo progresivamente en sucesivas escuchas. Este material ya los tiene altamente ocupados en una enorme gira mundial, que ya pisó México en octubre en el Auditorio BlackBerry a su máxima capacidad. Avanzan en Estados Unidos, América del Sur y Europa, calendario que termina a finales de este año.

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