Si algo dejaron los Beatles con A Day In Life, del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, fue la insolencia de la experimentación. El gesto fue corregido y aumentado por álbumes como The Piper At The Gates of Dawn, de Pink Floyd, y White Light/ White Heat, de The Velvet Underground, cuyas nociones fueron la base para el movimiento de rock al que posteriormente se le puso el apellido de progresivo. También nace el término de disco conceptual, cuyos máximos exponentes, aparte de King Crimson, fueron bandas como Yes, Jethro Tull, Rush, Genesis (en su fase Peter Gabriel), Emerson Lake & Palmer y, claro, Pink Floyd.

El rock progresivo es una visión musical de psicodelia, drogas y jazz, cuyo fin último era la estimulación mental y la búsqueda de alucinaciones para darle explicación a la realidad. Es esa exploración de locura para encontrar sanidad la que se lleva el genio de Syd Barrett, pero esa será otra columna.

In The Court of the Crimson King es considerado el primer álbum de rock progresivo conocido por la humanidad, sin discusión alguna. Además, es el segundo mejor disco de todos los tiempos en la lista de este género, de la revista Rolling Stone.  La historia de la banda es complicada desde su formación, en 1967, y básicamente es un ir y venir de integrantes, siendo el más regular el guitarrista Robert Fripp. Junto a él están Michael Giles (batería), Greg Lake (bajo), Ian McDonald (mellotron y saxofón) y Peter Sinfield (letrista).

El material se inicia con 21st Century Schizoid Man, y lo primero que encanta es el caos. El grupo intenta recrear la mente del hombre esquizoide en el caos de los instrumentos de viento, que suenan electrificados junto a la guitarra. La instrumentalización va en ascenso a un alarido, y después cae en un frenesí eufórico guiado por la batería, bajo y vientos, para alcanzar un clímax epiléptico y sigiloso, y nuevamente encauzarse para terminar. 

I Talk To The Wind ocurre en una conversación de lo existencial, para encontrar respuestas de la vida. Hablar con el viento es una referencia a la ausencia de fe o la indiferencia de Dios para ordenar el mundo con mano de hierro.

Epitaph es, dentro del hilo narrativo, la recuperación de la cordura. El mellotron es el protagonista de la canción, y en su clímax el volumen del instrumento rebasa todo el ambiente y nos conduce hacia una inmensidad, para caer en un manantial. La letra es un golpe de conciencia: “Knowledge is a deadly friend / If no one sets the rules / The fate of all mankind I see / Is in the hands of fools”.

Moonchild es minimalista y acerca de una doncella con poderes mágicos. Es una melodía con mucha dulzura que después de dos minutos la instrumentalización se encarga de llevarnos a otra dimensión.

Cierra con In The Court Of The Crimson King. Sus coros nos llevan por la realeza más desilusionante y, al mismo tiempo gloriosa, a las ruinas del imperio. El intermedio instrumental es lo que más envuelve, y el mellotron es otra vez el protagonista junto a los coros. 

Este es uno de los discos conceptuales más influyentes del rock. Es la locura y el aislamiento para explicar la realidad inentendible. Con el tiempo, otros grupos explorarían la idea, pero King Crimson lo hizo de una forma artísticamente gloriosa. El 26 y 27 de agosto, dos fechas para la historia del progresivo en Guadalajara en Teatro Diana.

Vía: Alan Martinez / dca.gob.gt

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