Raúl Guillen

Algo olía mal en Dinamarca cuando, después de presentarse con “Genius” hace un año, ese proyecto conjunto del cantante y productor británico Labrinth, la esquiva pero exitosa artista pop Sia, y el productor todoterreno estadounidense Diplo, alargaba demasiado el lanzamiento del álbum prometido bajo el nombre de LSD, envuelto en un hermoso concepto estético, entre la imaginería infantil (la bailarina adolescente Maddie Ziegler, habitual en los recientes trabajos de Sia, cobraba un inusual protagonismo como una suerte de Dorothy/Chihiro) y la psicodelia. 
El interesante single pop “Audio” y, sobre todo, el magnético soul pop de “Thunderclouds”, hacían albergar algo de esperanza en que de este supertrío pudiera salir un buen trabajo de pop. Pero la demora, más allá del tiempo que les hayan robado los proyectos individuales de estas dispares estrellas, parecía esconder una realidad: un repertorio totalmente inconsistente.

Eso es lo que trasluce este trabajo, haciéndose evidente que aquellos tres primeros adelantos eran, con mucho, lo mejor del disco. Hasta el remix de “Genius” con Lil Wayne, situado al final como un bonus track, deja mejores sensaciones que la mayor parte de este larga duración. Si ya el cuarto single, “Mountains”, era una amalgama bastante irritante de canto lírico y pop electrónico de modita, esa línea la perpetúan “Angel In Your Eyes” (que malgasta una buena melodía de los versos con un estribillo pobre, construido con alaridos de la australiana y trompetillas al más puro estilo del impulsor de Major Lazer), la boba “No New Friends”, y la peor y más plúmbea canción del grupo, “It’s Time”, que malogra con histrionismo exagerado las buenas intenciones del planteamiento de Labrinth (el único de los tres artistas que sale algo reforzado de este invento, al mostrar buenas ideas y carácter interpretativo). Todas ellas suenan como si un grupo de macacos intentaran ejecutar una sinfonía de Verdi: un quiero y no puedo.
LSD se salva por los pelos de la quema por lo que decía al principio: tres buenas canciones, “Heaven Can Wait” es algo resultona, pero, de nuevo, Sia vuelve a arrasar todo con su napalm vocal, y un bonito ideario estético. Más allá, no extraña nada que lo que se anunciaba como un grupo haya pasado a etiquetarse como la suma de sus tres individualidades. Porque no quedará más que como una simple anécdota en sus carreras. Calificación: 4.5 de 10. Lo mejor: “Thundercloud”, ”Genius”, “Audio”… y el remix de “Genius”, de nuevo.Te gustará si te gusta: la Sia más histriónica, el Diplo más cutre, el Labrinth más pomposo. Escúchalo: Spotify.


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