Cultura Sociedad

Louis Armstrong, cantor del jazz

Written by HectorAra

Aldo Fulcanelli
Disfrutar de un viejo disco de acetato, es equiparable a la emoción de tocar la pasta de un libro incunable, o degustar un vino de ancestral cosecha. Incluso el ruido que produce la aguja del tocadiscos sobre la superficie, es de vital importancia dentro de la ritual parafernalia para un amante de la música. He ahí la voz áspera de gran vitalidad que parece brotar de un reminiscente dixieland, y que nos recuerda la generosidad del jazz cuyo origen es la clandestinidad y el olvido, pero que en manos de un artista del tamaño de Louis Armstrong, se ha logrado transmutar en superior encanto.

Stars shining bright above you
Night breezes seem to whisper “I love you”
Birds singing in the sycamore trees
Dream a little dream of me.

Say nighty-night and kiss me
Just hold me tight and tell me you’ll miss me
While I’m alone and blue as can be
Dream a little dream of me.

La voz me guía a la vieja Nueva Orleans, con sus melancólicas callejuelas que guardan el frío racismo de los años 1920, aunado a la pobreza que aún con todo, fue el caldo de cultivo para el fortalecimiento del jazz entrañable. Aquellos sombríos callejones que en el Mardi Gras parecen descender hasta el mismo Hades, junto a las supersticiones de los lugareños y los rituales vudú que se niegan a morir, son retratados por cada nota de la trompeta de Armstrong donde el sonido se depura paso a paso, y cada compás es el alfa y el omega de toda una tradición de hacer música. Es la bohemia, los cafés que se vuelven a enamorar cuando una pareja se unifica en la mesa cada tarde, y los clubes de jazz se niegan a cerrar como los ojos insomnes, entonces, el ruido de la aguja sobre el acetato me recuerda que “Dream a Little Dream” ya terminó, y que una repetición tras otra, dependerá de mi evidente compulsión por la música.
En la memoria visual del mundo, aparece Louis Armstrong con algún traje brillante, la sonrisa irreversible y la inseparable trompeta que intercala con aquella voz que rasga, y somete al oído a un incomparable frenesí. Entonces de aquella boca deformada por la boquilla del instrumento y que le mereciera el mote de “Satchmo”, brotan sentimientos tan añejos como los principios del siglo XX, pero tan vigentes como el amor mismo. Va el Scat que nos permite contemplar el jugueteo entre la trompeta que resistió una trayectoria de por vida, y el fraseo que regenera al jazz a cada frase; la magia volvió a surgir. Dispara la trompeta cuando París aterrizo en Nueva Orleans y viceversa con “La Vie en Rose”, entonces puede uno comprender que la vida se compone de momentos y canciones que uno quisiera que nunca se fueran, como la presencia de Louis Armstrong. Lamentablemente, la orquesta estalla demasiado tarde en la canción, cuando solo quedan algunos compases que no son suficientes para llegar al punto clave, y queda abierta la repetición como una trampa que sabrá diferente a cada momento, como aquellos viejos vinos.
Lo que la voz del cantor supremo del jazz no alcanza a decir, lo termina delineando la trompeta, una a otra se responden y se incitan a continuar un jolgorio que se antoja interminable, a pesar de que sabemos que todo tendrá un final incierto. Así suena la orquesta, algo extraña y repetitiva, si no fuera por la intervención premeditada de “Satchmo”. La fiel trompeta que podrá perder brillo con el tiempo pero jamás sonoridad junto a la voz, que alegra las tardes nubladas del tiempo, y todo lo consignan las imágenes y el recuerdo, que encuentran un símil en el cine y la magia del video. Aparece Louis Armstrong junto a una incomparable Billie Holiday en la cinta, New Orleans (1947) de Arthur Lubin, una película sobre el amor al jazz. La trompeta de Armstrong compite en devaneos con la bien timbrada voz de Holiday, el resultado, uno de los momentos cumbres del cine cuando las dos grandes figuras renacen colosales entre el clarinete, el trombón y el piano, observados por los borrachos marineros cuyas sombras lucen a veces algo tétricas, como la misteriosa ciudad que los observa desde la profundidad de la noche.
El viaje con Louis Armstrong abarca “Hello Dolly”, “Stardust”, “St. Louis Blues”, “When The Saints Go Marching In”, entre muchas otras que permiten apreciar el gusto del intérprete por hacer que la orquesta explote, al ritmo de su probada capacidad por abarcar emociones. El cantor se pone frente a la orquesta, alienta al sax, truena los dedos al ritmo de la batería, entonces el público brinda un atronador aplauso que interrumpe la actuación mientras el viejo “Satchmo” no para de reír, sabiendo que la vida es mucho más corta que el placer eterno de hacer jazz, hasta literalmente morir. Vienen álbumes de antología, como los grabados al lado de la infinita Ella Fitzgerald, momentos únicos para la historia de la música, como cuando la voz de Armstrong se torna casi divina con “What a wonderful world”, un himno delicioso al amor y a la vida. Un momento mágico, Louis Armstrong al lado de Frank Sinatra, interpretando juntos “Birth of the Blues”, cuando el aroma del cigarro se confunde con la orquesta, que yace anónima tras la sombra de unas cortinas, y solo falta el striptease. La variedad continua, y vienen los míticos dúos con Bing Crosby, Dizzy Gillespie, Frank Sinatra o el célebre humorista Danny Kaye, haciendo de Armstrong el rey indiscutible del escenario.
El disco terminó, la aguja suena indicando que la ceremonia llegó a su triste final. Pero no por mucho tiempo, pues la misma aguja vuelve a su origen una y otra vez, permitiendo que el recuerdo permanente de Louis Armstrong jamás agonice. Cada regreso a sus canciones, implica una vuelta al misterio del jazz que no cede ante el tiempo, los ecos de las voces que quedaron atrapados en los antiguos teatros y centros nocturnos donde se enaltecía el show-business, y el gran “Satchmo” se llevaba oreja y rabo en cada actuación. Una loa a Louis, un aplauso interminable tan eterno como su voz, que desafía al tiempo junto a la trompeta de sonido triste y melancólico, que hoy arrulla al todopoderoso desde las alturas.

Louis-Armstrong

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