Sociedad

Malala Yousafai: Estudiante activista, emblema de la educación

Written by HectorAra

Enrique Alonso Cervantes
“Sobreviví a las balas por una razón: pelear por la educación de las mujeres. No puedo ni pensar que una bala pasó cerca de mi cerebro. Pero estoy viva y puedo hablar, caminar y vivir como una persona normal. Yo he elegido llevar esta vida”, señala reflexiva Malala Yousafai, activista reconocida y Premio Nobel de la Paz en 2014.
El papel de la mujer en el mundo árabe está relegado a las tareas del hogar y el cuidado de los hijos y el marido. Su vida está llena de prohibiciones, desde la forma de vestir hasta cómo comportarse en público. A pesar de que el Corán reconoce el derecho a la educación para cualquier musulmán, cualquiera que sea su sexo, la realidad es muy distinta, especialmente por parte de los grupos extremistas.
A pesar del terror que sus formas causan en la población, aun hay gente dispuesta a vencer el miedo y luchar por sus derechos, es el caso de Malala Yousafzai, la activista paquistaní, quien fue conocida a nivel mundial tras ser víctima de un atentado terrorista en el que casi pierde la vida, debido a su labor a favor de los derechos de  las niñas y mujeres en el Medio Oriente.
Fue condecorada el 10 de diciembre de 2014, con el Premio Nobel de la Paz, convirtiéndose en la ganadora más joven de la historia en recibir el premio.
La organización Internacional de defensa de la Infancia, Kids Rights, le otorgó, en 2013, el Premio Internacional de la Paz de los Niños, y también fue nominada al Premio de la Paz de los Niños en 2011.
Malala, nació en Míngora, Jaiber Pastunjuá, Pakistán, el 12 de julio de 1997, desde los 11 años destacó por su activismo contra el régimen Talibán, que impide a las niñas asistir a la escuela. Diario de una escolar paquistaní, es el nombre del blog que escribía para la BBC de Londres con el seudónimo de Gul Makai, con el que logró denunciar la desigual situación de las niñas y mujeres en Pakistán.
El 9 de octubre de 2012, cuando se dirigía de la escuela a su casa fue víctima de un atentado dentro del autobús escolar, un grupo terrorista vinculado a los Talibanes le disparó en repetidas ocasiones en la cabeza y el cuello. Dos estudiantes también fueron heridas. En los alrededores del colegio cientos de personas salieron a la calle a protestar y, el hecho también fue condenado a nivel internacional.
Después de una larga recuperación y varias cirugías reconstructivas en las que también le implantaron una placa de titanio y un dispositivo auditivo, Malala regresó a la escuela, en una secundaria de Inglaterra, el 4 de enero de 2013 y expresó: “Volver al colegio me hace muy feliz. Mi sueño es que todas las niñas en el mundo puedan ir a la escuela, porque es su derecho básico”.
En 2015, Davis Guggenheim presentó el documental, El me nombró Malala (He named me Malala) cinta que logró que el mundo volteara su mirada hacia Medio Oriente para descubrir la historia de una niña que retó a la sociedad en que vivía. En un discurso que pronunció en la ONU en 2013, dijo: “Los extremistas tienen temor de los libros y las plumas. Tienen temor de las mujeres. Vamos a levantar nuestros libros y plumas. Son nuestras armas más poderosas”.
Malala se ha convertido en una activista por el derecho a la educación de los niños en general a pesar de la continua amenaza del régimen Talibán. Hoy preside la Fundación no lucrativa, Malala Fund.
Malala, es la activista más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz y la décimosexta mujer en recibir dicho galardón, que fue entregado por primera vez en 1901. Paradójicamente, el nombre de Malala significa melancolía. En enero de 2009, día en que los talibanes prohibieron a las niñas asistir a la escuela, Malala estaba en la sala de su casa tomando té y comiendo un estofado de curry.
Para la filmación del documental de Malala, el director pasó 18 meses con toda la familia Yousafzai, su padre Ziauddin, su madre Toor Pekai y sus hermanos Khushal y Atal, en el Reino Unido, y de gira por Nigeria, Kenia, Abu Dhabi y Jordania. Su padre, el educador Ziauddin
Yousafzai, nombró a su hija Malala, en honor de Malalai de Maiwand, una legendaria heroína defensora regional.
“Espero terminar la universidad y hacer una gran obra en Pakistán, ayudando a que muchos niños y niñas vayan al colegio. Tengo un compromiso muy grande con mi país. Me prometí a mí misma que ayudaría a conseguir que sea mejor, a obtener la paz y a asegurarme de que haya una educación de calidad. Así que eso haré el resto de mi vida”.
En 2013, en Nueva York, salió a la venta su autobiografía, Yo soy Malala. En México se publicó en 2014.
Cinco motivos para ver el documental sobre Malala:
1. Porque cuenta la vida de una joven sobreviviente. Cuando tenía 14 años fue baleada por defender el derecho a estudiar de las jóvenes pakistaníes. En el documental sabrá cómo hizo para empezar una nueva vida en el Reino Unido. “Acostumbrarse a otra cultura fue difícil al principio. Tener un nuevo método de enseñanza, y otras amistades. Aquí he hecho muchísimos amigos y me siento ya toda una brummie (nativa de Birmingham)”.
2. Porque es la primera ganadora del
Premio Nobel de la Paz, menor de edad, de la historia. Sí, Malala es la ganadora más joven en esta categoría, con solo 17 años. Desde que tenía 11 años, empezó a denunciar los abusos de los talibanes en Pakistán.
3. Porque permite conocer su destacada vida personal. Como cualquier adolescente, Malala lleva una vida personal típica. En el filme podrá enterarse de sus gustos, es fanática de Brad Pitt y Roger Federer, la relación con sus padres y sus hermanos, y otros detalles importantes de su vida.
4. Porque permite conocer la lucha de otras mujeres. La historia de Malala inspiró a más mujeres.
5. Porque fue dirigido por Davis Guggenheim. El mismo cineasta que realizó el documental ganador del Oscar, An inconvenient truth, (2006), sobre el cambio climático, que tenía a Al Gore como una de sus figuras principales, y fue el encargado de llevar la vida de Malala a la gran pantalla en 2015. “Aunque no tengo mucho tiempo para el ocio, no tengo límites cuando se trata de diversión. Me encanta pasar tiempo con mis amigos, jugar, pelear con mis hermanos”.
Malala, ha pasado a ser un referente mundial, la revista Time la incluye entre las cien personalidades más influyentes del mundo en el presente siglo. ¿Cuánto tendremos que esperar para que los líderes del mundo le den importancia? ¿30, 50, 100 años? El momento de hablarlo es ahora. Si nos quedamos callados, esos líderes del mundo, cuyos hijos están matriculados en escuelas y universidades excelentes, no dedicarán un minuto a preocuparse por la educación de los demás. Hay que mantener la educación como el enfoque principal, y la oportunidad por igual a las mujeres”, concluye, preocupada, esta infatigable e incansable luchadora social.

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