Inexplicable con palabras, el poder que la trompeta de Miles Davis ejerce sobre los sentidos de aquellos que se dan la oportunidad de escucharlo. Del bebop al fusion, el instrumento que el genial músico desarrolló como un apéndice más de su cuerpo, suele contar historias que provienen del alma, y que si no fuera por la magia de la grabación, serían momentos irrepetibles. El texto es de Aldo Fulcanelli.

En “Historia del jazz” (Turner/Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2002, 605 pp.) Ted Gioia recuerda que Davis, “El Picasso del jazz”, le apodaron antes “El Príncipe de la oscuridad”, “título que se ajustaba al temperamento de este hombre distante que alternó con boxeadores profesionales, llenó su autobiografía de improperios y estableció a su paso innumerables relaciones tensas”. Escribió Fernando Islas en Miles Davis se sube al ring. Sigue el texto de Islas: “Siempre me ha gustado el boxeo, pero realmente amaba y respetaba a ‘Sugar’ Ray Robinson porque era un gran peleador, con mucha clase y más limpio que un hijo de p… Era guapo y mujeriego. Salía de limusinas con mujeres bellas en sus brazos, pero cuando entrenaba para una pelea, no tenía mujeres cerca. Cuando estaba en el ring, hablaba en serio, entonces yo quería ser como él y decidí que ese era el camino”, refiere el propio jazzista en Miles: The Autobiography (con el periodista Quincy Troupe, Simon & Schuster, Nueva York, 2005, 441 pp.). “Solía ir a verlo a  Harlem y un día le dije que dejé mi adicción a la heroína inspirado por su disciplina”.

Miles y “Sugar” Ray se hicieron amigos. “Cuando ves a un buen boxeador es una forma de arte”, decía el trompetista. “El ritmo es todo en el boxeo. Cada movimiento empieza con el corazón”.

En 1954, Davis se puso los guantes y empezó a entrenar en el Gleason’s Gym de Nueva York, bajo las órdenes del manager Bobby McQuillen. Libre de sustancias dañinas en su cuerpo y con un hábito estético preclaro, los años siguientes verían nacer grabaciones que se convirtieron en clásicos contemporáneos del jazz.
En 1970, concentrado en su llamada etapa jazz-rock-fusion, Miles Davis haría un homenaje específico al boxeo con Jack Johnson, un disco de “música boyante y brillante”, anota Carr en The Rough Guide.

“Tenía en mente los movimientos de los boxeadores”, señaló Davis sobre la música de Jack Johnson; “sus movimientos son casi pasos de baile, o como el sonido de un tren. La imagen del tren estaba en mi cabeza cuando pensaba en un gran boxeador como Joe Louis o Jack Johnson, porque cuando se piensa en un gran peso pesado que se acerca, se viene a la mente un tren”.

Este álbum, reeditado en 2003 bajo el título The Complete Jack Johnson Sessions, en una bella edición de cinco CD, rinde culto a otros peleadores con piezas llamadas “Johnny Bratton”, “Archie Moore”, “Durán”, “Ali” y por supuesto “Sugar Ray”.

Cuando Miles se subía al ring, solicitaba: “No me vayan a pegar en la boca, tengo concierto esta noche”.

Miles Davis nació el 26 de mayo de 1926 en Alton, Illinois, Estados Unidos. Falleció el 28 de septiembre de 1991, en Santa Mónica, California.

Mañana

Óscar Valdez contra el filipino Ernie Sánchez en Tucson, Arizona,

Yéssica “Kika” Chávez expone su campeonato mundial mosca CMB contra la italiana Simona Galassi, en el Auditorio Blackberry de la Ciudad de México. Y por ahí estaré atisbando.

José Rodolfo Castro

Informador.com.mx