Más de una centena de piezas en exhibición dan cuenta de la obra de Odilón Avalos, quien en 1903 trajo esta industria a la ciudad. La muestra se inaugura este jueves 15 de agosto.

En nuestro país la manufactura del vidrio se inició a mediados del siglo XVI con la instalación de una fábrica en Puebla, a la que siguieron, en el XIX, una en Texcoco y otra en la Ciudad de México. En 1903 la industria del vidrio soplado fue traída a Guadalajara por Odilón Ávalos, considerado el fundador de esta tradición de Jalisco.

Casi sin formación escolar, pues sólo cursó hasta el tercer año de primaria, Ávalos poseía en cambio todos los secretos del arte de la vidriería. Nació y creció en el taller poblano de sus padres, toda su familia convivió con los operarios y antes de cumplir los doce años ya era oficial aparazonador. A fines del siglo XIX había ayudado a instalar la fábrica de la calle Carretones, en la Ciudad de México, que por mucho tiempo manejaron sus padres.

La principal demanda para el vidrio en la Guadalajara de principios del siglo XX la representaban las destilerías de tequila, ávido mercado de botellas de litro, de medio y de cuarto. Odilón, que por entonces carecía de dinero en efectivo, se asoció con los señores Ramírez y Urzúa, apellidos que constituyeron la razón social del primer taller que se instaló frente al jardín de Analco. Más tarde consiguió independizarse y fundó una fábrica en la calle de Catalán.

La obra de Ávalos es relevante en parte por la calidad técnica de su manufactura y porque la produjo en privado “para su deleite y para su familia”, explica Gutierre Aceves, coordinador de la Casa ITESO Clavigero, quien agrega que cuando el vidriero dejó de producir industrialmente, se convirtió en un gran ejemplo de la transición de procesos industriales a la creación artística.

Con la finalidad de reconocer el valor de la obra de este artesano, el Centro de Promoción Cultural del ITESO ha preparado la exposición El aliento de la imaginación: vidrio soplado de Odilón Ávalos, integrada por piezas que pertenecen a sus nietos (Ricardo y Luis Gil Ávalos, Enrique Ávalos Méndez y Eduardo Arámbula Ávalos), a los coleccionistas Juan Ignacio González y Pedro Olivares, y a diversos museos: el de arte popular en Ciudad de México, el Instituto Cultural Cabañas y la colección del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) en comodato con el Museo Regional de la cerámica de Tlaquepaque.

La muestra está conformada por un total de 140 piezas: 90 de vidrio, 24 herramientas, 14 fotos, cinco retratos en arcilla, dos dibujos, dos catálogos de venta del taller de don Odilón y tres videos.  Con ellas se busca valorar tanto la figura de Ávalos como su obra en la que se aprecian los valores de color y forma del vidrio soplado.

En relación con la curaduría de la exposición, llevada a cabo por Aceves, “está muy cuidada para mostrar el alto nivel de calidad técnica y estética que logra Ávalos. Realmente, al final de la muestra uno se queda con una historia de excelencia en el oficio. Esto me parece muy importante porque en nuestros días la excelencia está pasando a un quinto plano”.

Para el montaje de las piezas “se cuidó mucho la iluminación. Pusimos la luz que necesitábamos para destacar los valores de transparencia, opacidad, lo translúcido. Estos valores del vidrio se acentúan”, añade el coordinador de la Casa ITESO Clavigero.

A don José Rogelio Álvarez, quien es uno de los iniciadores de la fundación de El Colegio de Jalisco, se debe el mejor estudio sobre Ávalos. Él explica que el valor y casi siempre el mérito de los objetos de vidrio soplado se fija en razón directa de las dificultades de su elaboración. Y éstas dependen, a su vez, de las complicaciones del diseño formal: ya sea que se usen varios colores, que se busquen efectos especiales o que se requieran notas extraordinarias de habilidad. En todos los casos lo privativo es el trabajo humano, la dosis de esfuerzo personal que lleva inscrita el objeto.

Es la calidad del trabajo de Álvarez la razón por la cual Aceves decidió relacionar el montaje con algunos de sus textos.

La excelencia del trabajo de Ávalos fue reconocida tanto en la Feria de Nueva York como en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929-1930), y en 1954 el jurado del Premio Jalisco le confirió el máximo galardón con que el Estado rinde homenaje y consagra a sus artistas.

Los vidrios de Ávalos dieron lustre a la primera y tercera Feria de Jalisco y luego se mostraron al público en diversas exposiciones conmemorativas. Además, esta línea de arte popular se ha exhibido con orgullo en las colecciones que despertaron la admiración del extranjero en París, Estocolmo y Londres, posteriormente en Milán y, en 1958, en Bruselas. Una consecuencia de esa vasta difusión fue el interés mostrado por la agrupación profesional de vidrieros de murano, que por conducto del Museo Nacional de Artes e Industrias Populares adquirió algunas piezas de Odilón Ávalos para enriquecer sus colecciones.

La conferencia inaugural de la muestra, “Odilón Ávalos en la memoria de sus nietos”, estará a cargo de Ricardo Gil, Enrique Ávalos y Eduardo Arámbula, y será moderada por Juan Carlos Núñez, académico del ITESO, este jueves 15 de agosto, a las 20:00 horas, en la explanada interior de la casa.

La exposición se podrá visitar de agosto a octubre de 2019, de lunes a viernes de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00 horas, y los sábados de 10:00 a 14:00 horas. La Casa ITESO Clavigero se ubica en la calle José Guadalupe Zuno 2083, en la colonia Americana.

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