La mayoría de los biopics pecan de enaltecer a su protagonista y de obviar o maquillar de forma exagerada los aspectos más espinosos de su vida. A veces es consecuencia de un repaso superficial para intentar abordar todos los grandes éxitos de sus carreras -y no necesariamente de artistas musicales como demostró ‘Pelé, el nacimiento de una nación’-, pero en ‘Rocketman’ se esquiva ese problema abordando sin tapujos tanto la homosexualidad de Elton John como sus problemas con las drogas.

De hecho, la película arranca con la llegada de su protagonista a una reunión de alcohólicos anónimos que servirá como hilo conductor para repasar diferentes etapas de su vida. Una solución bastante ingeniosa para que sea él mismo quien muestre cómo le ha ido afectando su pasado para convertirse en la persona que era entonces. Y es que hasta él mismo intenta vender una versión para todos los públicos de su vida para no tardar en descubrir que era todo mucho más complicado.

En “Rapsodia bohemia”, la película que recreó la vida y obra de Freddie Mercury, también se avistan las vicisitudes que debió sufrir el líder de Queen hasta llegar a ser un ídolo de multitudes: la incomprensión paterna, el bullying por su apariencia y la homosexualidad que en esa época era considerada un estigma. Hay varios aspectos similares a esos en los trazos biográficos de Elton John, a los que se describe en “Rocketman”, un filme estrenado la semana pasada bajo la dirección de Dexter Fletcher, quien se hizo cargo de terminar el rodaje de “Rapsodia bohemia”, cuando el realizador original fue despedido.

Aunque se trata de la ya por demás oída narración del niño angustiado que ahuyenta sus fantasmas gracias al arte y luego derrapa por culpa del modus vivendi rockero, “Rocketman” acierta al envasar su argumento bajo el formato de un musical. Y los mismos clichés que en la biopic de Mercury redundan por su obviedad, aquí encajan como piezas perfectas de un rompecabezas que, al igual que “Tommy” y “The Wall”, redondean el diagnóstico de un periodo de quiebre, cuyas víctimas sacrificiales decidieron inmolarse en el altar de la música. Y muchas consiguieron salir adelante gracias a esa acrobacia.

Elton John es uno de esos sobrevivientes, que pudo atravesar el túnel de la trilogía de sexo, drogas y rocanrol, y llegar al otro lado con ganas de contar las peripecias que fue encontrando en el camino. Una excelente interpretación del actor Taron Egerton nos ayuda a comprender que la distancia que separa al personaje público del individuo, puede convertirse en un abismo mortífero. Y el pulso del director sabe torcer la perspectiva del relato en todas las direcciones, sin perder de vista que su objetivo es emocionar y entretener.

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