Héctor Castro Aranda

¿Qué tendrá Guadalajara que es tan agraciada por el rock progresivo? Son muchas las agrupaciones que la han visitado en los recientes años, como también figuras del mismo género, y los escenarios con asientos llenos.

King Crimson, agrupación extraña, brillante, vanguardista, y muy amada, se han retirado y regresado, cambiado de alineación constante, pero ahí está, triunfante, elegante, potente y sobre todo muy matemática. Británicos con ya cincuenta años de trayectoria, hicieron su debut en Teatro Diana, dos fechas, casi 5 mil boletos vendidos, 27 y 28 de agosto.

Tres baterías distribuidas en la parte baja del escenario, a cargo de Jeremy Stacey, que está desde 2016 y quien aparte de interpretar los complicados solos de batería, también tiene otro compromiso, tocar los teclados. Gavin Harrison en Crimson desde 2002 y fue parte de Porcupine Tree. Lee Patrick Mastelotto en el viaje desde 1993 y fue parte de la famosa agrupación Mr. Mister. Este trío de caballeros le dieron la vida a los temas progresivos del Rey Carmesí, exactos, demasiado exactos que daban un poco de temor, cada uno con su estilo, cada uno con su batería formada a su gusto, pero dentro del caos, todos ordenados. En la parte superior del escenario, Tony Levin, si bien no es fundador, su presencia desde 1980 es fundamental, es una imagen automática de Crimson y también fiel compañero de Peter Gabriel, hasta la actualidad. Es un agasajo escuchar y observar la forma en la que toca el bajo Tony, así como el contrabajo y el stick bass; a sus 73 años luce en estupenda forma. Michael «Jakko» Jakszyk, guitarrista y voz de los progresivos desde 2013, con un porte adecuado y un tono de voz que hace despegarte de la era de Adrian Belew. Mel Collins en el saxofón, clarinete y flauta, casi fundador, cuestión de meses, y parte fundamental de The Alans Parson Project y Camel. Y Robert Fripp, el alma, creador, el verdadero Rey, sentado y rodeado de un gran sistema de computadoras conectadas a su teclado para darle los toques cósmicos a las bellas y caóticas melodías de King Crimson y a su guitarra, con unos grandes audífonos para aislar cualquier ruido incómodo, elegante portando corbata, en posición de costado, vigilando el octavo renacimiento del conjunto, dirigiendo su clan, su gran fiesta de cincuenta años, manteniendo el control de una gran gira mundial en un concierto de tres horas de duración. “Cirkus”, “Radical Action II”, “Larks’ Tongues In Aspic Part I”. Envolvente, mágico, no se podía escapar ya de King Crimson.”Moonchild”, “Easy Money”, “Pictures”, “Epitaph”, “Indiscipline”, “Islands”. La finura hecha música, y desgarradora, que necesitó de un descanso de medio tiempo, si no, todos terminaríamos con una hemorragia cerebral de tanta álgebra musical. El cierre fue exquisito pero faltó algo para cerrar completamente con broche de oro: “The court of the Crimson King”, las lágrimas de varios de los presentes no soportaron el final, pero hubiera sido un final épico si se hubiera entonado “21st Century Schizoid Man” que quedó pendiente.

 

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