El resultado era mero trámite, como en las peleas Pacquiao-Márquez, escuchar al gritón emitir el veredicto a favor de Juan Manuel. Pero los combates se realizaron en la capital del juego. Habría que cuidar el negocio, mantener a Pacquiao y robarle genuinos triunfos al mexicano: nocaut al boxeo.

Miguel Cotto ganó ocho rounds a Saúl “Canelo” Álvarez, el sábado en la pelea que celebraron en el hotel Mandalay Bay en Las Vegas. El puertorriqueño sumó en nuestra tarjeta 116 puntos a favor, por 112 del jalisciense, quien ganó los rounds uno, dos, ocho y nueve, suficientes para erigirse en campeón mundial mediano CMB de Las Vegas.

Con la demostración del sábado, “Canelo” sigue a años luz de los Juan Manuel Márquez, JC Chávez, Marco Barrera, “Púas” Olivares, Miguel Canto, apenas algunos verdaderos astros de la prestigiosa escuela boxística mexicana. El público esperaba noche espectacular, aplastante de Saúl, pero se presentó lento como jamás, como un paquidermo, con una pesada armadura que no le permitía hilvanar más de dos golpes, los enviaba con mucho esfuerzo, fatiga que es alarmante, que evidencia que “Canelo” debe pelear en peso welter, para recuperar algo de velocidad y pegada de nocaut, además, su repertorio es pobre, conjunto de elementos adversos que se sumaron a la veteranía y experiencia de Cotto para verse preciso y más veloz de puños, de piernas, suficiente para que la pelea hubiera terminado de un solo lado. Álvarez ganó solito esos cuatro rounds, por su valentía, por su temperamento, por su boxeo natural.

Podría venir “GGG” Golovkin en 2016, y para que Álvarez le gane, necesita revertir su lentitud y limitado repertorio. Pero mientras se acerca ese baño de fuego, que el tapatío disfrute al máximo estos meses de gran popularidad, que podrían ser los últimos que le quedan.

Espectacular

En el respaldo Cotto-“Canelo”, el invicto mexicano Francisco “Bandido” Vargas noqueó en nueve episodios de forma espectacular al japonés Takashi Miura, para conquistar el campeonato mundial súper pluma CMB. Y por ahí estaré atisbando.

José Rodolfo Castro

El Informador.