José Rodolfo Castro

“El boxeo que levanta las muchedumbres es siempre el del boxeador pegador, del tipo que va para adelante y a pura fuerza consigue ganar. A mí eso siempre me interesó muy poco, y lo que me fascinó siempre, fue ver a uno de esos boxeadores enfrentado con un maestro que, simplemente con un juego negativo de esquives y de habilidad, conseguía ponerlo en condiciones de inferioridad”.

 Palabras del intelectual argentino Julio Cortázar, el poeta “que nació por accidente en Bruselas el 26 de agosto de 1914”, y quien en 1951 se alejó de su país. Cortázar es quien en 1938 publicó, con el seudónimo Julio Denis, el librito de sonetos (“muy mallarmeanos”, dijo después él mismo) “Presencia”. En 1951, publica Bestiario: y surge el Cortázar deslumbrante por su fantasía y su revelación de mundos nuevos que irán enriqueciéndose en su obra futura, “Historias de Cronopios y de Famas”. En cuentos como “Torito”, la tristeza que provocó la muerte de “Ciclón” Molina. La pared, convertida en Luis Angel Firpo contra Jack Dempsey.

“Último Round”, Carlos Monzón vs. “Mantequilla” Nápoles, en París, Cortázar muestra al boxeo como una de sus grandes pasiones, en entrevista que le realizó Antonio Trilla en Madrid, en 1983.

 

–¿Qué te provoca el boxeo para que te intereses por un deporte al que critican como violento y cruel?

 

“Es que yo no lo veo violento y cruel. A mí me parece un enfrentamiento muy honesto, muy noble, como decías ahora. Me interesa el enfrentamiento de dos técnicas, de dos estilos, la habilidad de vencer siendo a veces, más débil. Te diré que casi siempre estuve del lado del más débil en el boxeo, y muchas veces los vi vencer y es una maravilla”.

 

Recuerda cuando iba al legendario Luna Park bonaerense, con un libro bajo el brazo, se consideraba un esteta, “para el que el boxeo también era un espectáculo estético. En esa época yo miraba todo con un criterio exclusivamente estético, y lo veía como un fenómeno estético”.

 

Hablando de Lester Young en “La vuelta al día en ochenta mundos”, “escogía el perfil, casi la ausencia del tema, evocándolo como quizá la antimateria evoca la materia, y yo pensé en Mallarmé y en ‘Kid Azteca’, un boxeador que conocí en Buenos Aires hacia los años cuarenta y que frente al caos santafesino del adversario de esa noche, armaba una ausencia perfecta a base de imperceptibles esquives, dibujando una lección de huecos donde iban a deshilacharse las patéticas andanadas de ocho onzas”.

Julio Cortazar falleció en 1984…

Fuente: El Informador