Héctor Castro Aranda
cientounorevista.com

Los festivales llevan unos años de moda y esta no es precisamente pasajera. Toda ciudad o comunidad que se precie, tiene un evento cultural de este tipo, que se consolida como un motor económico de la misma y supone un escaparate para atraer a turistas y curiosos.

La organización de un festival revaloriza el patrimonio de una región y desarrolla su atractivo turístico, creando nuevos nichos de mercado capaces de captar mercados emergentes. Actualmente existen festivales de todo tipo de géneros, Europa por supuesto es el motor principal de los grandes festivales, desde hace ya varias décadas, como Glastonbury, Isle of Wight, Reading y Leeds, Pinkpop, festivales que tienen casi 50 años y que aparecieron después de Monterey International Pop Music y Woodstock 1969, estos en Estados Unidos.
Los festivales europeos ya consagrados atraen a miles de turistas de todo el mundo, dejando una gran derrama económica. Y en los recientes años se han impuesto los festivales de rock duro, tanto en Europa como Estados Unidos y ahora en América Latina. Los festivales en Estados Unidos de manera comercial y popular comenzaron a dar de sí a mediados de los años 1990 con Lollapalooza que comenzó en Irving, California, para luego mudarse a su sede permanente en el Grand Park de Chicago, y tal ha sido el impacto de festival para la ciudad que ya es un estandarte que los citadinos esperan con orgullo y gusto, los turistas no se diga. Año con año reciben a más de 200 mil personas en sus dos fines de semana y tan aclamado que se ha multiplicado en otras partes del mundo como Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Alemania, Francia. Coachella, en Indio, California, es uno de los más populares de Estados Unidos y el mundo, rige la moda festivalera y puede impulsar carreras a niveles inimaginables. Otros grandes festivales en nuestro país vecino es Outside Lands en San Francisco; Austin City Limits en Austin, Texas. Bonnaroo en Manchester, Tennessee. SXSW en Austin, Texas, KAABOO del Mar en San Diego, California, Riot Fest en Chicago.
Año con año personas de todos los continentes llenan los espacios hoteleros para asistir a los festivales, igual que a AIRBNB, consumen en los restaurantes y bares, usan el transporte público y aplicaciones de transporte, compran en sus tiendas departamentales, dinero que mueve y ayuda a la economía local de la ciudad. Algo interesante de estos festivales mencionados es que los gobiernos trabajan de la mano de los productores para darles las mejores de las bienvenidas a los turistas, como señalética por toda la ciudad, transportes, personal capacitado que trabaja desde largas distancias del lugar de encuentro para evitar confusiones, y alianzas con los gastrónomos y hoteleros para ofrecer descuentos y personal capacitado para este mercado.
México está en pañales con lo último mencionado y son cosas en las cuales las secretarías de turismo y cultura deberían trabajar en conjunto para contribuir en el turismo de festivales. México ha crecido bastante en este tema, tiene varios masivos como el Corona Capital en Ciudad de México y Guadalajara; Coordenada, Bajío, Pa’l Norte, Live Out, Domination, Force Fest– Knotfest, Vive Latino, Machaca, Fronterizo, Guadalupe Valley, Península, Ceremonia, Bahídora. (Comentarios: hectorcastro@cientounorevista.com).

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