Stella Artois es mundialmente reconocida por su histórica admiración por la autenticidad, sus procesos artesanales y su legado. Hoy, en el nuevo proyecto “Nuestro amor por México”, Stella Artois se honra al colaborar con David Guillén (Ciudad de México), Lizandra Pérez (Xochimilco), Taller de Casa Don Juan (San Martín Tilcajete, Oaxaca), Tito Rutilio Cipriano y Familia (Xalitla, Guerrero) y Apolonio Acevedo de Jesús y Familia (Temalacatzingo, Guerrero), cinco de los mejores Maestros Artesanos y sus comunidades.

Con la creación de una colección de 500 chalices intervenidos por medio de técnicas tradicionales provenientes principalmente de los estados de Guerrero y Oaxaca, Stella Artois demuestra su compromiso con México para preservar nuestras tradiciones y enaltecer la diversidad cultural y natural del territorio mexicano.

“Se trata de una iniciativa sin fines de lucro llevada a cabo bajo la ética laboral, comercial y cultural más estricta y respetuosa, dentro de la cual los artesanos reciben la integralidad de los beneficios”, comentó Inés Garza, Brand Manager de Stella Artois México. 

El arte popular es la expresión de un sentimiento de profunda admiración por nuestra naturaleza, plasmado en objetos cotidianos de belleza inigualable. A través del minucioso y esmerado trabajo curatorial de Natalia Herrera, fundadora de Atelier Cultural, los Maestros Artesanos intervinieron en conjunto con sus comunidades el icónico Chalice, una copa exclusivamente diseñada por Stella Artois para maximizar el sabor. Los cinco procesos artesanales empleados fueron los siguientes :

Con un talento heredado de sus ancestros, David Guillén, maestro artesano de la Ciudad de México, renueva y perfecciona la talla en vidrio popularmente conocida como “pepiteado”, plasmando su cariño por la riqueza natural de México a través de referencias a la flora y la fauna, y en este caso al águila real, uno de los principales símbolos patrios. Sus creaciones lo han llevado a recibir premios internacionales y han sido mostradas en museos y galerías alrededor del mundo.

Lizandra Pérez vive desde hace 22 años en Xochimilco. Trabaja a partir de pigmentos naturales de hierro y piedra negra que recuerdan los colores de nuestra tierra. Impulsada por el deseo de explorar el maravilloso legado alfarero mexicano, juega un papel indispensable en la conservación y promoción de técnicas que, de otra manera, estarían destinadas a la desaparición o al olvido. El estilo que retoma aquí es el de la cerámica de Ameyaltepec (Guerrero), el cual mantiene una estrecha relación con la cerámica producida por los grupos nahuas antes de la llegada de los españoles.

A partir de la técnica de pintura para Tonas y Nahuales de copal (los mal llamados alebrijes oaxaqueños), la comunidad del taller de Casa Don Juan de San Martín Tilcajete, Oaxaca, creó seis impresionantes diseños. Este oficio centenario nace de la talla y pintura sobre madera de copal. La simbología refleja una dimensión mágica profundamente ligada a las tradiciones y creencias zapotecas: de forma zoomorfa, las Tonas representan el alma del animal guardián de cada ser humano según su día y año de nacimiento. A aquellos humanos que tienen la facultad de convertirse en sus Tonas se les llama Nahuales.

Desde tiempos prehispánicos hemos registrado a manera de códices nuestra historia con pintura sobre láminas de papel amate. Esta técnica estuvo a punto de desaparecer debido a su prohibición durante el Virreinato, pero su producción se convirtió en una forma de resistencia en poblados remotos, gracias a que siempre mantuvo un simbolismo sagrado. Desde Xalitla, Guerrero, el Maestro Tito Rutilio, heredero y guardián de esta técnica, mantiene viva esta tradición que ahora transmite a sus hijos y nietos. Juntos crearon cien chalices distintas que cuentan historias de la vida cotidiana y que nos llevan a su tierra.


La artesanía de Olinalá constituye, junto con la Talavera, uno de los dos únicos casos en México (y entre los muy contados a nivel mundial) de una artesanía protegida por la Denominación de Origen. Apolonio Acevedo de Jesús y su familia, trabajan desde la comunidad de Temalacatzingo, en el municipio de Olinalá, Guerrero, esta técnica prehispánica de influencias orientales y europeas con la cual se producen objetos de madera, como cajas y baúles, decorados con motivos inspirados en la naturaleza de la Tierra Caliente de Guerrero.


Las chalices representan la cosmogonía, el sentimiento de pertenencia y de comunidad, así como la riqueza natural de cada una de estas mágicas regiones de México.

En una actitud de absoluto respeto por la autoría y la propiedad intelectual de los creadores implicados y sus comunidades, Stella Artois fusiona en este proyecto su legado de 600 años de tradición, con el “saber hacer” de los representantes del arte popular mexicano, guardianes de una riqueza creativa milenaria y embajadores de nuestro patrimonio ante el mundo.

Stella Artois rinde homenaje a la excelencia de los procesos artesanales de nuestras comunidades y a la fascinante estética que representan, afirmando el carácter dual que define su producto: una mezcla de creatividad y de respeto por su larga tradición.

Comentários no Facebook

A %d blogueros les gusta esto: