El cine de Joon-ho Bong nunca ha perdido la virulencia corrosiva que esgrimió en sus primeros largometrajes, pero en Parásitos, quizá su opus pleno, tal vez su obra maestra absoluta, pero sí una de las mejores películas del cine contemporáneo, lo vuelve a exponer en toda su plenitud acompañado de una puesta en escena armoniosa de todos los elementos que constituyen un filme, desde la idea original hasta la disposición de los personajes en el encuadre para explicar conceptos además de narrar situaciones. El plano en el que una de las dos familias protagonistas de Parásitos, la de los siervos, que desean convertirse en amos, bebe, charla y canta en el salón de estar de la lujosa casa que no es la suya mientras contemplan el bello anochecer a través del enorme ventanal, es un buen ejemplo de cómo una imagen, un plano, un encuadre, una elección de personajes dispuestos frente a la cámara.
Toda la familia de Ki-taek está en el paro y se interesa mucho por el tren de vida de la riquísima familia Park. Un día, su hijo logra que le recomienden para dar clases particulares de inglés en casa de los Park. Es el comienzo de un engranaje incontrolable, del cual nadie saldrá realmente indemne. Palma de Oro del festival de Cannes 2019 por unanimidad del jurado, la nueva película del director coreano Bong Joon ho (Memories of murder, Mother, Snowpiercer) se ha convertido en un fenómeno de crítica y público donde se haya estrenado. Arrasando en el box office de Francia con más de un millón de entradas vendidas, favorita de la crítica internacional en los festivales donde ha participado, Parásitos es, sin lugar a dudas, una de las películas más importantes del año y posiblemente de la década. Un filme fuerte y angustiante que se encuentra de estreno en todas las salas mexicanas. (Comentarios: hectorcastro@cientounorevista.com).

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