César leal

Foroalfa.org

En el marco de la modernidad y de la creación de políticas «desarrollistas» se han alentado lazos de colaboración entre las mal llamadas creaciones «artesanales» de las comunidades indígenas y el diseño. Existe la creencia generalizada de que el diseño debe «ayudar» a la «profesionalización» de las creaciones indígenas, mediante estrategias propias de diseño: creación y gestión de marca, identidad corporativa, capacitación, entre otras.

La mayoría de los diseñadores, formados bajo una visión occidental-moderna, creemos que las creaciones artísticas de los pueblos originarios «necesitan» de la visión profesional del diseño para que puedan competir bajo los lineamientos del libre mercado; o bien, que estas manifestaciones se empleen y resignifiquen en otros soportes «de diseño» para que puedan acceder de mejor manera a la esfera del intercambio económico local, nacional e internacional.

El arte de los pueblos originarios se crea a partir de complejos mecanismos enraizados en su cosmovisión, sus creencias religiosas, su relación con la naturaleza (que generalmente es de respeto y extremo cuidado) y donde generalmente el bienestar individual se logra a partir de la convivencia, la cohesión interna de las comunidades y el bienestar comunal.

Los estudios antropológicos que hacen referencia a las manifestaciones artísticas indígenas muchas veces refuerzan las concepciones neoliberales de las políticas públicas del Estado, que se enfocan a ver a dichas manifestaciones como arte menor dentro de su escala de valores artísticos, diferenciándolos y clasificándolos como arte popular, artesanía o como «manifestaciones no académicas de la cultura» (Novelo, 2003: 11), de tal modo que las creaciones artísticas indígenas se encuentran enmarcadas dentro del ámbito artesanal con todas las repercusiones que ello implica: subvaloración económica y simbólica, esquemas de comercialización que benefician a intermediarios públicos y privados, aparatos institucionales que desconocen los complejos mecanismos de producción, distribución y consumo, además del atropello de los derechos intelectuales que afectan la producción del arte indígena.

Estas políticas institucionales se ponen en práctica desconociendo los contextos sociales, históricos, políticos y culturales,1 que lejos de enriquecer la producción y difusión del arte indígena, tanto en sus contenidos simbólicos como en su manufactura, colocan en un punto vulnerable a los creadores de los pueblos originarios. La implementación de políticas institucionales, en las que muchas veces interviene el trabajo del diseño, no toma en cuenta a estos contextos y ha traído como consecuencia una notable baja en la calidad de su producción, mientras que en el escenario sociopolítico ha desencadenado una serie de conflictos dentro y fuera de las comunidades.

Una de las principales características de las producciones artísticas indígenas es que éstas no están pensadas originalmente para su comercio; son para uso cotidiano, religioso y festivo. Ejemplo de ello es la rica indumentaria ritual que puede observarse en la mayor parte de estas comunidades.2 Dentro del uso ceremonial destaca la indumentaria que se usa en las festividades religiosas, en los enlaces matrimoniales y en las ceremonias funerarias. Quien viste una indumentaria indígena es, por lo tanto, portadora de la cosmovisión, tradición y carga simbólica de su pueblo.

A principios del año 2015, en las redes sociales ha habido una indignación creciente debido a lo que se considera un plagio de parte de una reconocida diseñadora de modas francesa, Isabel Marant.3 Ello ha generado una serie de reflexiones, comentarios, interpretaciones y protestas, principalmente de los habitantes de la comunidad de Santa María Tlahuitoltepec Mixe, en el estado de Oaxaca, además de los pronunciamientos realizados por investigadores, académicos y personas relacionadas con la preservación de los textiles de los pueblos originarios de México.

En la comunidad de Santa María Tlahuitoltepec se emplea, como parte de la indumentaria, una blusa que se borda con elementos simbólicos, que son característicos de este pueblo. Estos patrones son parte, además, de su patrimonio cultural y artístico, y como ellos mismos lo mencionan, es el medio a través del cual registran su vida, su cosmovisión y su manera de pensar: su «identidad».

Mujer Mixe de Santa María Tlahuitoltepec. Fuente: Foto cortesía de Abdiel Cardozo Calderón (2015).