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Usain Bolt: Leyenda del atletismo, rey de la velocidad

Written by HectorAra

Enrique Alonso Cervantes
“No quiero ponerme límites, quién sabe hasta dónde puedo llegar. No siento ninguna presión. Siempre trato de dar a los aficionados un gran espectáculo, y disfrutar de lo que hago, sin preocuparme de batir récords cada carrera”, señala Usain Bolt, el rey de la velocidad, la leyenda viva del atletismo, quien competencia tras competencia, bate, como ningún otro deportista, récords.
Usain, es sin duda, una de las estrellas que más han brillado desde su aparición en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Su extraordinaria velocidad y facilidad con la que consiguió tres medallas de oro y tres récords mundiales, impresionaron al mundo y lo consagraron como el velocista más completo de la historia. Un año después, en los Mundiales de Atletismo de Berlín, batió su propias marcas en los 100 y en los 200 metros, dejando el cronómetro en 9.58 y 19.19 segundos, respectivamente. Tras su actuación en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, en los que repitió la hazaña de Pekín, al obtener medalla de oro en los 100 y los 200 metros y en los relevos 4×100, fue calificado por los medios como una leyenda viva en la historia del atletismo.
Bolt, nació el 21 de agosto de 1986 en Sherwood Content, Trelawny, Jamaica, en el seno de una familia pudiente. De niño, su crecimiento fue espectacular, lo que, unido a una alimentación desequilibrada, le provocó una escoliosis (desviación de la columna); pero, aún así, corría como galgo. Sus padres empezaron a tratarle esta anomalía hasta los 15 años, cuando se convirtió en el campeón júnior del mundo más joven de la historia en los 200 metros. El corredor Asafa Powell, consciente de las cualidades del adolescente, lo convenció para que entrenara y no malgastara sus fuerzas en otros deportes. Lo suyo era correr lo más rápido posible. Su ídolo, aparte de Powell, era otra leyenda jamaicana, Don Quarrie, un experto en la curva de los 200 metros. También lo era Michael Johnson, quien ostentaba un récord que parecía inaccesible. “Siento que nací para correr, era el más rápido a los 15, a los 17, a los 20 años. Fue un talento que descubrí estando en mi etapa escolar. No fue algo explosivo de un día para otro. Demostré durante muchos años que estaba destinado a ser un gran corredor”.
Usain, con 1.96 metros de estatura y 86 kilos de fibra muscular, no correspondía con la constitución de los grandes velocistas. Por eso su entrenador, Glen Mills, hizo lo posible por alejarlo del hectómetro y centrarlo en los 200 metros, ya que siendo tan alto, su salida era lenta. Bolt, afortunadamente, no le hizo caso. En mayo de 2008, ya había rebajado el récord de los 100 metros, que ostentaba desde 2007 su compatriota Asafa Powell, con 9.74 segundos, cuya especialidad eran los 200 metros, pero Bolt la dejó en 9.72 segundos.
En los Juegos Olímpicos de Pekín, consiguió tres medallas de oro y tres plusmarcas mundiales en las tres pruebas en las que participó, convirtiéndose en el hombre más rápido de la historia. En los 100 metros, a pesar de una mala salida, superó con facilidad a sus adversarios a la mitad de la carrera. Aunque frenó antes de cruzar la línea de meta celebrando su triunfo, hizo un tiempo increíble: 9.69 segundos. Dejando en claro, además, que cuando se le antoje rebajará esa marca, calificada como sideral. Era la primera vez que la bandera de Jamaica ondeaba en lo más alto en la prueba de los 100 metros, ya que otros campeones nacidos en la isla compitieron para otros países como Donovan Bailey, Ben Johnson y Linford Christie.
Pero lo más increíble estaba por llegar: batió el récord que ostentaba Michael Johnson desde Atlanta 1996; Johnson había hecho en los 200 metros la marca de 19.32 segundos, que los expertos consideraron avanzada para más de un siglo. Con esos dos oros en velocidad, Usain Bolt igualaba a Jesse Owens, Berlin 1936, y a Carl Lewis, Los Angeles 1984. Era además el único que ostentaba dos récords en los 100 y 200 metros y el primero en conseguir ese doblete olímpico con sendas plusmarcas desde que en 1968 se instaurara el cronometraje electrónico.
Para emular a Owens y a Lewis en Juegos Olímpicos, le faltaba el oro en los relevos 4 x 100 metros. Con esta tercera plusmarca, Bolt superaba a Owens y Lewis, que ganaron oro, pero sin batir récords.
Bolt, asegura que jamás dejará Jamaica y que no sucumbirá a los dólares, porque lo considerara una traición a su país.
Las marcas conseguidas en Pekín levantaron sospechas, porque Jamaica había arrebatado a los Estados Unidos la hegemonía en velocidad. Lo cierto es que Bolt pasó 11 controles antidopaje sin problemas. Su progenitor aseguró que el secreto de su hijo estaba en el ñame, una planta que forma parte de su dieta habitual.
De regreso a su país, fue recibido por las máximas autoridades y miles de aficionados que lo elevaron al altar de ídolo jamaicano por excelencia. En una encuesta entre la población, Bolt superó con creces al que había sido el mayor referente de esa isla, el cantante Bob Marley.
En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, su carrera de los 100 metros fue de las mejores que se le recuerdan, pese a un arranque retrasado, Bolt se impuso con autoridad a los mejores plusmarquistas del mundo.
Bolt, no defraudó las expectativas en las siguientes competencias, aunque sin récord, se hizo del oro en los 200 metros, en una prueba que pareció para él un paseo. Nunca antes un atleta había ganado en dos ediciones sucesivas las dos carreras de máxima velocidad. La apoteosis de la isla antillana y de su más excelso deportista podía llegar en la prueba de 4×100, y llegó. La víspera de la clausura de los juegos, Bolt corrió el cuarto relevo tras Nesta Carter, Michael Frater y Yohan Blake; partió igualado con el estadounidense Ryan Bailey, al que superó ampliamente en los cien metros, y paró el cronometro con una nueva plusmarca mundial, 36.84 segundos. Tercera medalla de oro para el jamaicano, quien, con 29 años, no quiso anticipar lo que pueda ocurrir en Río de Janeiro 2016: “Será muy complicado porque hay mucha gente joven que viene fuerte”. Con todo eso, su siguiente paso serán
los 400 metros, de manera que su formidable palmarés y sus registros adelantados a la época continúen reinando
durante este brillante periodo en la historia del atletismo. “Soy un tipo normal al que le gusta la música chill out, bailar, comer, pasármela bien. Voy al gimnasio por la mañana, me relajo al mediodía, y voy a entrenar a la pista sobre la tarde- noche. Cuando no entreno, me gusta jugar videojuegos”, finaliza satisfecho el atleta récord, quien literalmente, tiene el mundo a su pies.

Fotografía: .abc.net.au

 

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