Héctor Castro Aranda

Espectacular, formidable, intenso, comprometido, habilidoso, creativo es la forma en la que Yngwie Malmsteen maneja sus conciertos, acompañado de su socia, la guitarra eléctrica, una Fender Stratocaster, quien le ha abierto a la fama mundial e introducido como uno de los mejores guitarristas de la historia.  El sueco de 63 años en perfecto estado físico, se presentó en Teatro Diana ante 1,200 personas el primero de marzo en su segunda visita, 4 años y medio de espera pasaron. Como si se tratara de un Ferrari F40, acelerando por las carreteras de Malibú, California, su guitarra rugía y Malmsteen aceleraba. Muy cercano a sus seguidores se inclinaba ante ellos, recorría de extremo a extremo el escenario, aventó sus plumillas a diestra y siniestra. A diferencia de otros conciertos que tuvo en el país con algunos desperfectos en Guadalajara se le vio feliz y entusiasmado, de tras de el una montaña de amplificadores Marshall. Un recital de casi dos horas, interpreto temas como, “Rising Force”, “Blue Lightining”, “Badinere”, “Paganini´s 4th”, “Adagio”, “Evil Eye”, “Smoke on the Water”, “1000 Cutes”, “I´ll See The Light Tonight”.

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